La creciente cooperación militar de Ankara con Damasco reactiva la desconfianza mutua y pone en riesgo los esfuerzos para reducir las hostilidades en la frontera común.

Por: Constanza Gonzàlez, Magdalena Rodrìguez.
El pasado 18 de agosto de 2026, la aviación israelí bombardeó la base de Abu al-Duhur en Idlib para frenar la presencia militar de Turquía, un incidente que amenaza con frustrar las negociaciones de desescalada entre Jerusalén y el nuevo gobierno sirio. El ataque se produce en medio del aumento de la influencia turca en Siria y de la preocupación de Israel por el fortalecimiento militar de Ankara en la zona. La operación también deja en evidencia las diferencias entre ambos países sobre el futuro político y militar de Siria, mientras Estados Unidos intenta evitar un conflicto directo entre las partes.
La caída de Bashar al-Assad en diciembre de 2024 abrió un vacío de poder que Turquía aprovecha para expandir su influencia regional y brindar asistencia militar al nuevo gobierno de Ahmed al-Sharaa, buscando una Siria integrada que neutralice a las fuerzas kurdas. En contraste, Israel prefiere una Siria débil y descentralizada, considerando que un fortalecimiento militar de su vecino bajo Ankara representa una amenaza para su seguridad, lo que explica su ofensiva por limitar dicha influencia. Un análisis del CIDOB sobre la política de Turquía en Medio Oriente señala que los objetivos de Ankara de proporcionar asistencia militar al Gobierno sirio generan preocupación en Israel por el aumento de presencia turca en el país.
El reciente ataque consistio en ocho bombardeos contra la base, los cuales dañaron gravemente la pista de aterrizaje. Aunque días antes el jefe del Mossad advirtió al canciller sirio sobre el envío de armamento, tanto Ankara como Damasco negaron tener tropas en la instalación o planear bases permanentes. El episodio refleja una desconfianza que va más allá del control de una base aérea, ambos países buscan mantener su influencia sobre la nueva configuración política y militar de Siria.
Sin embargo, para evitar una escalada directa, Estados Unidos intenta mediar a través de un mecanismo de comunicación tripartito, es decir, un canal directo para que tres países puedan comunicarse. No obstante, Vìctor Olazaràn, analista internacional, advirtió que, al estar Siria “justo en medio” un choque directo es poco probable, en cambio, el riesgo sigue latente y entorpece el acercamiento bilateral. La inestabilidad interna convierte el territorio en una prueba de fuego para los intereses geopolíticos, donde Israel y Turquía buscan medir sus fuerzas sin llegar a un conflicto de gran escala.
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