Por: Ignacio Hernaiz y Josefa Pulido
El Tercer Estudio de Drogas en Educación Superior de SENDA registró una disminución respecto a 2021, mientras un análisis de SENDA-ISP detectó adulterantes en el 82% de las muestras de ketamina incautadas.
El Servicio Nacional para la Prevención y Rehabilitación del Consumo de Drogas y Alcohol (SENDA) realizó la tercera versión del Estudio de Drogas en Educación Superior. El estudio fue aplicado entre mayo y julio de 2025 a una población de 28.362 estudiantes de 66 establecimientos de las 16 regiones del país. Los resultados mostraron que el 2,2% de los estudiantes declaró haber consumido tusi y/o ketamina durante 2025, cifra que disminuyó respecto al 2,8% registrado en 2021. A pesar de ello, el consumo se desarrolla bajo un contexto de circulación de estas sustancias, donde el 6,7% señaló haber recibido ofrecimientos para consumirlas.
El Tercer Estudio de Drogas en Educación Superior de SENDA entrevistó a 28.362 estudiantes de 66 establecimientos de educación superior en las 16 regiones del país. De este grupo, el 36,8% tenía entre 17 y 20 años, el 19,9% entre 21 y 22 años, el 11,8% entre 23 y 24 años, y el 31,5% tenía 25 años o más.
Dentro de este grupo, el 2,2% declaró haber consumido tusi y/o ketamina en 2025. En términos aproximados, esto equivale a unos 624 estudiantes del total. Esta cifra es menor que la del 2,8% registrada en 2021. Esta tasa fue más baja que la de cocaína, que llegó al 2,9%, y que la de éxtasis o MDMA, que alcanzó el 3,1%.
El estudio también registró cuántos estudiantes tuvieron contacto con estas sustancias. En 2025, un 6,7% mencionó haber recibido ofertas de tusi o ketamina, es decir, 1.900 estudiantes, ante un 7,2% del año 2021.
En cuanto a la percepción de riesgo, el 83,9% de los estudiantes, que aproximadamente son 23.800 del total, consideró que consumir tusi con frecuencia representa un gran riesgo. Esta pregunta sobre el peligro del tusi se incluyó por primera vez en esta versión del estudio.
Un caso que llegó a la redes
A fines de agosto, una jóven de 28 años de Puerto Montt compartió en TikTok su experiencia con el consumo de ketamina. Donde relató los graves problemas de salud que, según su testimonio, ha sufrido tras un consumo prolongado en el tiempo de esta sustancia.
En sus vídeos, la mujer contó que empezó a sentir fuertes dolores en la pelvis y la uretra en 2024, situación que la llevó a ser hospitalizada. Según su relato, en el hospital recibió fentanilo y morfina para aliviar el dolor, pero estos medicamentos no lograron disminuir sus síntomas.
La joven también afirmó que actualmente debe utilizar pañales y que pasaba gran parte de su tiempo en cama, como consecuencia que le atribuyó al consumo de ketamina. En sus publicaciones, hizo un llamado a otras personas a no consumir este estupefaciente y relató las dificultades que enfrenta para hacer sus actividades cotidianas.
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TikTok: miishu_larue
¿Por qué comienza el consumo?
No existe un único perfil de persona que consuma drogas. Explicó Solange Manzur, terapeuta integral, los factores pueden acumularse y estar relacionados con el entorno social, la curiosidad, la presión de los pares, la necesidad de pertenecer o la búsqueda de nuevas sensaciones.
“Las adicciones son fenómenos multifactoriales, pero una familia presente que pone límite y que puede conversar sobre las drogas sin hacerlo únicamente desde el castigo, constituyen un enorme factor protector”
También mencionó otros elementos que podían aumentar la vulnerabilidad, como los conflictos familiares, el aislamiento, las dificultades académicas, el estrés económico y los problemas emocionales que no estaban siendo tratados. Además, destacó la importancia de los vínculos familiares y de contar con límites y comunicación.
¿Qué se está consumiendo?
Un estudio del ISP analizó 96 muestras de ketamina incautadas en 2024 y encontró que el 82% contenían adulterantes como cafeína, MDMA, cocaína, lidocaína y tramadol. La cafeína fue el adulterante más común, presente en el 68% de las muestras. Le siguen el MDMA con un 15%, la cocaína con un 9%, y la lidocaína y tramadol con 4%.
El Plan de Acción 2024-2030 de SENDA, indicó que en el caso del tusi los riesgos están relacionados con la composición de la sustancia. Las mezclas detectadas en drogas sintéticas representan un riesgo para la salud, porque hay incertidumbre sobre sus componentes y efectos. El documento identifica al tusi, como ejemplo y recoge un análisis del ISP realizado en 2021. En ese análisis se revisaron 2.207 muestras descritas como “polvos de algún color”. En 1.261 muestras la sustancia contenía solo ketamina, en las otras estaba combinada con otros estupefacientes, principalmente cafeína y MDMA.
Además de la presencia de otras sustancias, el análisis evidenció diferencias en la concentración de la ketamina. El contenido promedio fue de 54%, pero las muestras registraron concentraciones que iban entre un 6% y un 125%. Esto significa que la cantidad de ketamina presente en una sustancia incautada puede variar entre una muestra y otra, a lo que se suma la presencia de otros componentes.
A diferencia de su uso médico, como explicó Manzur, donde la ketamina se aplica con una indicación y una dosis específica, el consumo recreativo no tiene esa supervisión. Además, señaló que “las personas que compran la sustancia a menudo no saben qué contiene ni cómo puede reaccionar su cuerpo ante ella.”
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Consecuencias del consumo
Según el convenio SENDA-ISP “Evaluación de riesgos de toxicidad por Ketamina en muestras incautadas”, uno de los riesgos cruciales del uso prolongado de ketamina es el daño en el sistema urinario. El informe identificó que la toxicidad urológica es uno de los principales problemas asociados al consumo de esta sustancia e indicó que la cistitis causada a esta exposición puede convertirse en una enfermedad crónica, progresiva y discapacitante.
Esta afectación se concentra mayormente en el tracto urinario bajo y puede provocar un deterioro progresivo de su funcionamiento. De acuerdo con el estudio, entre las consecuencias descritas se encuentran la inflamación y el daño de la vejiga. La evolución de estos cuadros puede comprometer la capacidad y el funcionamiento correcto del órgano. El ISP consideró la toxicidad urológica asociada a la ketamina un problema de salud pública.
Según Manzur, el consumo repetido puede estar asociado a dependencia y a cambios cognitivos y psiquiátricos. Y, agregó que, sus efectos no se reducen a una sola área, ya que el consumo puede generar alteraciones en la percepción, desorientación, problemas de memorias y estados disociativos.
En el caso del tusi, las diferentes sustancias que puede contener hacen que sus efectos en el cuerpo no siempre sean iguales. El Plan de Acción 2024-2030 de SENDA advirtió la presencia de ketamina en muestras de tusi y que el consumo de drogas sintéticas en mezclas crea incertidumbre sobre qué pasa en el organismo. Esto ocurre porque es difícil saber con precisión qué sustancias están presentes. Por eso, los efectos y los riesgos del tusi cambian según lo que contenga.
Señales de alerta
Para Manzur, identificar el consumo problemático no dependía únicamente de la frecuencia con que una persona utilizaba una sustancia, sino del lugar que esta comenzaba a ocupar en su vida.
“Más que fijarse únicamente en la frecuencia, hay que mirar qué lugar empezó a ocupar la sustancia en la vida de la persona”
Entre las señales que describió se encontraban el aumento progresivo del consumo; la necesidad de mayores cantidades; el consumo en solitario; las mentiras para ocultarlo; los cambios abruptos de amistades; la disminución del rendimiento académico o laboral; el abandono de actividades que antes se disfrutaban; cambios en los horarios de sueño; problemas económicos inexplicables; y, episodios de intoxicación.
“Una señal especialmente importante es cuando la persona dice cosas como, “lo necesito para dormir”, “sin esto no puedo pasarlo bien”, “lo necesito para tranquilizarme” o “puedo dejarlo cuando quiera.”
Entrevista de autoría propia.
A partir de estas señales, Manzur planteó que también era necesario comprender qué había detrás de ese comportamiento. Así, planteó que una de las preguntas que debía hacerse frente a estos casos era: ¿Qué está intentando encontrar, evitar o anestesiar a través de esta sustancia?