Chile lidera el ranking en consumo digital con un promedio de horas que equivale a más de una jornada laboral completa frente a pantallas en jóvenes de 15 años.
Por Alexandra Sepúlveda, Sofía Orellana y Antonia Salinas
Según el último informe publicado en junio de 2026 por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), los adolescentes chilenos de 15 años en promedio, pasan más de 45 horas semanales dentro del mundo digital. La exposición de estos estímulos cortos e inmediatos de forma reiterada abren el debate sobre cómo los mismos pueden afectar al desarrollo de procesos cognitivos cruciales en los jóvenes que los reciben. La cifra de Chile es relevante entre los otros países analizados, por ejemplo, Japón tiene un promedio inferior a 26 horas semanales.
La exposición a las pantallas a edades cada vez más tempranas ha dejado de ser una simple dinámica de crianza y se ha convertido en un fenómeno y desafío dentro de las áreas del neurodesarrollo. Con adolescentes que pasan alrededor de seis horas diarias en redes sociales, los profesionales advierten sobre el impacto que esta exposición podría tener a nivel neurológico y cognitivo.
EL CEREBRO FRENTE A LA ESTIMULACIÓN CONSTANTE
Esta realidad se vuelve cada vez más crítica cuando se analiza desde la infancia temprana, etapa en la que el cerebro aún es moldeable. Al respecto, la psiquiatra infantil, Andrea Polanco, advirtió que “el uso temprano y excesivo de pantallas afecta a la corteza prefrontal, que es el área encargada de la atención, control de impulsos y toma de decisiones”.
Según la profesional, esta hiperestimulación constante exacerba el sistema dopaminérgico, lo que se desencadena en una alteración de las funciones ejecutivas, como la concentración, la memoria y la planificación. Asimismo, la especialista añadió que “esta exposición genera una percepción falsa de la realidad, creen que todo debe ser inmediato como en las pantallas, alterando el control de impulso, la tolerancia a la frustración y la capacidad de aceptar un no de respuesta”.
La psicóloga infantojuvenil, Valentina Navarrete, explicó que exponerse a los dispositivos electrónicos por un largo tiempo puede provocar aislamiento, depresión y evitar relacionarse con el entorno. También, agregó que podría afectar a la concentración y generar problemas de rendimiento escolar. “La dependencia del celular también puede desplazar actividades fundamentales para el desarrollo de los adolescentes, como el deporte y la interacción presencial” añadió.
La relación entre el uso constante de dispositivos electrónicos y sus efectos a nivel cerebral también ha sido tratado dentro de la investigación académica. En el artículo “¿Cómo afectan las pantallas al aprendizaje y el desarrollo en la infancia?”, publicado por la Pontificia Universidad Católica de Chile, el profesor de la facultad de medicina y director del centro interdisciplinario de neurociencia UC, Francisco Aboitiz, declaró que la exposición constante a este tipo de estimulación puede modificar los patrones de actividad cerebral.
Mientras esta problemática sigue generando debate en nuestro país, la conversación no se centra únicamente en cuántas horas pasan los jóvenes expuestos frente a pantallas y estímulos, sino en comprender cómo estos factores influyen directamente en cómo los adolescentes realizan y desarrollan procesos cognitivos, tales como atender, procesar y retener información.
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